San Mateo, también conocido como Leví, fue uno de los Doce Apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo. Su historia es una de las más conmovedoras del Evangelio, pues muestra cómo la misericordia divina puede transformar un corazón humano y llevarlo del interés material al servicio fiel del Reino de Dios. Era publicano, recaudador de impuestos al servicio de Roma, y por ello despreciado por su pueblo. Sin embargo, fue precisamente a él a quien Cristo miró con compasión y le dijo: “Sígueme”, y él se levantó y lo siguió. Aquel gesto marcó el inicio de una vida nueva. San Mateo dejó su oficio y su riqueza para seguir al Maestro, convirtiéndose en ejemplo de conversión auténtica y obediencia al llamado divino.
Es autor del primer Evangelio canónico, escrito según la tradición en arameo o hebreo, dirigido a los cristianos de origen judío. Su texto busca mostrar que Jesús es el Mesías prometido y que en Él se cumple toda la Ley y los profetas. En su Evangelio encontramos la genealogía de Cristo, el Sermón del Monte, las Bienaventuranzas y parábolas sobre el Reino de los Cielos. Su estilo es sencillo y pastoral, reflejo de un hombre que conoció la gracia de Dios y quiso compartirla con humildad.
Después de la Resurrección del Señor, San Mateo predicó la Palabra en diversas regiones, según la tradición, en Etiopía, Persia y Partia. Allí sufrió persecución y finalmente entregó su vida como mártir, testificando con su sangre la verdad del Evangelio. La Iglesia Ortodoxa celebra su memoria el 16 de noviembre (29 de noviembre según el calendario gregoriano). En la iconografía, se le representa con un libro en las manos —su Evangelio— y acompañado por un ángel, símbolo de la humanidad de Cristo y de la inspiración divina con que escribió.
En el arte bizantino, su ícono lo muestra con semblante sereno, vestido con tonos dorados y azules que evocan la sabiduría y la luz celestial. No se busca retratar al hombre terrenal, sino al santo transfigurado por la gracia. San Mateo nos recuerda que la misericordia de Dios no excluye a nadie: que todo corazón, incluso el más endurecido, puede ser transformado si se abre a la voz del Señor. Su vida y su Evangelio siguen siendo una guía luminosa para los fieles que desean vivir con justicia, humildad y compasión en medio del mundo.